Ensayo acerca de la violencia en la parroquia de Checa con un enfoque socio comunitario y el modelo de cambio social
La
institución educativa perteneciente a la parroquia de Checa fue fundada en el
año de 1981 por un grupo de moradores de la misma parroquia, en aquel entonces
la institución educativa tenía una modalidad únicamente nocturna. No obstante,
en el año 1986 se consiguió la nacionalización del colegio y brindó la
modalidad vespertina y el 3 se septiembre de 1990 el doctor Rafael Molina consiguió
que se donase el terreno en el que funciona actualmente el colegio. Para mayo
de 1997 fueron los padres de familia quienes acabaron de construir las primeras
aulas y posteriormente dieron uso de las mismas; el 17 de enero de 2014 se une
la escuela Hipólito Mora y el colegio nacional Checa, lo que ahora se conoce
como Unidad Educativa Checa. Actualmente la institución cuenta con un total de
485 estudiantes y 27 docentes.
La
parroquia de Checa enfrenta una serie de problemas entre ellos la falta de empleo
lo que conlleva a una ola migratoria en la comunidad muchas familias se separan
por falta de recursos económicos, dejando a sus hijos con sus familiares por
salir en busca de un mejor futuro, esto ha traído una serie de consecuencias
adversas en el comportamiento de los jóvenes, es así que los jóvenes en el
ámbito educativo tienden a burlarse de sus demás compañeros o a quitarles las
pertenencias, dichas prácticas se denominan bullying, por otro lado, existen problemas
a nivel familiar que afectan al bienestar de los estudiantes, lo que provoca
que sus reacciones sean violentas. Dichas situaciones provocan efectos
devastadores tanto a nivel individual como comunitario. Estas conductas
desencadenan una serie de consecuencias perjudiciales, incluyendo problemas de
salud, violencia, desintegración familiar, problemas legales, dificultades
laborales y financieras, así como aislamiento social. A lo largo de las últimas
décadas, América Latina (al) viene siendo reconocida como un ejemplo de ese
fenómeno de profunda desigualdad y de exclusión social. Muchos estudios han
identificado dicha situación en al, donde los actos de violencia ocurren en
proporciones preocupantes. Los jóvenes latinoamericanos, y, dentro de ellos,
los comprendidos entre los 15 y los 24 años, constituyen la franja de edad de
la población más expuesta a la violencia, ya sea como víctimas, ya sea como
agentes. En términos de muertes causadas por los factores llamados externos
(homicidios, accidentes de tránsito y suicidios), los datos cuantitativos
correspondientes a la mencionada franja de edad son elevados, hasta el punto de
colocar los índices de la región entre los más altos del mundo. Pese a la
complejidad del término y a la dificultad conceptual que lo rodea, existe un
punto de consenso básico. Dicho punto consiste en que todo y cualquier acto de
agresión –física, moral o institucional– dirigido contra la integridad de uno o
de varios individuos o grupos, es considerado como acto de violencia (Abramovay
y Rua, 2002).
El
enfoque socio comunitario es una perspectiva que busca abordar la violencia
escolar y promover el cambio social a través de la participación comunitaria
activa en la educación. Este enfoque reconoce la importancia de entender la
violencia como un fenómeno social que involucra a agresores, víctimas y
espectadores que participan pasiva o activamente. La importancia de desarrollar
habilidades y manejos para lidiar con conflictos de manera pacífica e
innovadora. (Martínez, 2014).
El
concepto de modelo de cambio social para estudiantes que sufren violencia en el
marco del enfoque socio comunitario se basa en la noción de que la violencia
escolar es un tema complejo que requiere un enfoque integral. A través de la
involucración activa de la comunidad educativa, este modelo intenta fomentar la
convivencia pacífica, el desarrollo de habilidades sociales y emocionales y la
prevención de la violencia, reconoció que la violencia escolar puede tener un
impacto negativo significativo en el rendimiento académico y el bienestar de
los estudiantes. Por esta razón, es crucial contar con estrategias que aborden
los factores internos y externos que ponen en peligro la misión de la
educación.
Algunos
estudios (Román & Murillo, 2011, 2011; D’Angelo & Fernández, 2011; Villanueva,
2007; García & Madriaza, 2005, 2006; Martínez-Otero, 2005) sobre educación y
violencia escolar, ponen de manifiesto que tanto la presencia de factores
internos como externos ponen en riesgo la misión de la educación en su proceso
socializador y formador de sujeto/as habilitados para diseñar sus proyectos de
futuro.
La
idea de que la violencia escolar debe ser entendida como un fenómeno social que
requiere la participación de toda la comunidad educativa para su abordaje se
basa en el enfoque socio comunitario y el modelo de cambio social en
estudiantes que viven violencia. Se
destaca la importancia de comprender los contenidos de la violencia y las
prácticas de violencia que ocurren en el espacio escolar, así como la
importancia de promover un sentido de comunidad, recursos materiales y
satisfacción con el entorno para fomentar el bienestar socio comunitario.
Al
menos en todas las escuelas que forman parte de contextos de alta pobreza, con
una amplia ausencia de garantías sociales y situadas en sectores periféricos y
segregados socialmente, la violencia en las escuelas debe ser leída
materialmente y comprendida, simbólicamente desde una perspectiva crítica sobre
el sistema social predominante. Debería ser desde esta brecha que ha sido
creada por el modelo económico actual, donde la inyección de recursos en
educación no sea la única forma de lograr el mejorar la calidad del sistema
educativo, pero deben llevarse a cabo en conjunto mecanismos como la
distribución justa de los ingresos, que se considera el fundamento para lograr
un ejercicio incipiente de equidad social para contribuir a la reducción de la violencia
social existente debe abordarse y abordarse para erradicar la violencia que se
desprende de las instituciones educativas (Martínez, 2014).
Las
prácticas de violencia en la escuela generalmente se respaldan por un discurso negativo
sobre las familias y los estudiantes como respuesta a los problemas que afectan
el buen funcionamiento de la institución. A pesar de que se reconoce que esta
misma la negatividad, vista desde una perspectiva de empatía social, tiene un
impacto positivo en las prácticas docentes, ya que pueden ayudarlos a mediar y
discutir la violencia que puede tener un impacto social y cultural. Sin
embargo, en esta situación, la violencia se naturaliza y se hace parte de la
vida diaria.
Las
definiciones de la psicología comunitaria y las comunidades educativas sugieren
que la escuela y el sentido de comunidad deben tener al menos un proyecto
común. Sin embargo, un descubrimiento intrigante tiene que ver con una escuela
cuya historia estaba fuertemente ligada a su configuración barrial, lo que
significó que existía en una cierta cantidad de tiempo un fuerte sentido de
pertenencia e identificación con esta institución y su trabajo en ayuda a los
niños, niñas y sus familias.
Los
habitantes de la Población de Checa, han experimentado una disminución en sus
relaciones comunitarias debido a las nuevas formas de relaciones sociales que
surgen en un contexto macrosocial caracterizado por la desigualdad, el
individualismo y el consumo como forma de satisfacer las necesidades. Esto ha
llevado a comprender la falta de significado y pertenencia al espacio físico y
escolar. La consecuencia de esto es la separación de las áreas más
desfavorecidas de la población.
Es
importante mencionar que se reconoce la falta de identidad, vínculos y
objetivos que es lo que se esperaría a nivel barrial en la Población de Checa para
designarla como una comunidad. La respuesta es atractiva para una psicología
comunitaria que debe considerar estos nuevos escenarios sociales, ya que lo
común de este vecindario sería la base de los conflictos, es decir, lo que
plantea Krause (2001, citado en Martínez, 2006) propone en este vecindario es
el conflicto, definido como la divergencia de intereses entre los diferentes
residentes que lo habitan conforman, lo que con frecuencia conduce a actos
violentos.
El
modelo educativo responde a un sistema de control y adoctrinamiento como
plantea Foucault (2005). Asimismo, el disciplinamiento del cuerpo, dejando en
evidencia cómo el cuerpo es moldeable, manipulable, educable para obtener una
utilidad de ese cuerpo, el que sea productivo y dócil al sistema social
imperante. Principalmente, las normas disciplinarias están orientadas al
control del cuerpo. La disciplina hace “marchar” un poder relacional que se
sostiene a sí mismo por sus propios mecanismos; en tanto, la indisciplina es
merecedora de un castigo. El castigo disciplinario tiene por función reducir
las desviaciones (Foucault, 2005).
Como
podemos ver en este diálogo con una profesora, el castigo viene a ser la
herramienta de control y logra la docilidad de los cuerpos estudiantiles:
“Y
me lo propuse, y ¡ya!, bueno si hay que dejarlos castigados hasta la lora, los
voy a dejar y me voy a quedar con ellos y así pasó muchas veces que me quedé
hasta las cinco de la tarde una vez, pero me llevé súper malos ratos, pero
logré mi objetivo, que era la tranquilidad del curso y yo poder hacer clase,
pero yo ahora yo puedo imponerme frente al curso decir ¡ya, se callan un, dos,
tres cuatro, cinco. ¡Todos en silencio!
I:
Están más amoldados…
E2:
Sí, ellos saben que tienen que tener silencio o si no se quedan sin recreo.
Aunque
sea un derecho, pero es que lamentablemente si no hago eso…
I:
O sea de alguna manera la única forma…
E2:
Llegar violentamente hacia ellos, si no hay otra forma, porque ellos están tan acostumbrados”
(E2:P38, P39, P40).
El
control y la generación de temor se usan en la escuela como estrategia disciplinaria:
“Nosotros hemos sacado a diez estudiantes de
la escuela, entonces claro, el resto dice ¡ohhh! mira si me porto mal, me puede
sacar, mejor no, entonces andan más piola, y se bajan los índices de violencia,
hay mayor control, ¡hay mayor orden! (…) Y que las estudiantes pudieran
entender que en ese espacio hay mayor policía, hay mayor restricción y quizás
nuestros estudiantes no fueran violentos y pudieran crecer de otra manera”
(E1:P29).
Es
fundamental denunciar la violencia en las escuelas tanto como una consecuencia
perjudicial del modelo económico y la injusticia social, como también como una
forma de oposición al sistema social predominante. La rabia y el malestar que
se expresan en esta violencia lo demuestran. Por lo tanto, la violencia es también
la forma en que los estudiantes y los docentes transforman el espacio de la
escuela, llevándolo a una presión para aumentar la inclusión; al mismo tiempo,
es una forma de protección ante ella y sus normas, ya que la violencia es parte
de sus vidas y actividades diarias el método para la inclusión social
(Martínez, 2011). Por lo tanto, se plantea la comprensión de la violencia
escolar desde una amplia gama de oportunidades para discutir, discutir y
actuar.
En
resumen, el enfoque socio comunitario y el modelo de cambio social para
estudiantes que viven violencia buscan fomentar la convivencia pacífica, el
desarrollo de habilidades sociales y emocionales y la participación activa de
la comunidad educativa en la prevención de la violencia. El enfoque reconoce la
importancia de abordar la violencia escolar como un fenómeno social que afecta
el bienestar y el desarrollo académico de los estudiantes.
Abramovay,
M., y rua, M. das G. (2002): Violences in the Schools, Brasília, unesco,
Coordinación DST/AIDS del Ministerio de Salud, Secretaría de Estado de los
Derechos Humanos del Ministerio de Justicia, cnpq, Instituto Ayrton Senna,
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V. (2006). El Enfoque Comunitario.El desafío de incorporar a la comunidad en las
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M. (2005). Vigilar y Castigar: Nacimiento de la prisión. Buenos Aires: Siglo
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(Abril
2014).
Román,
M. & Murillo, F.J. (2011). América Latina: Violencia entre estudiantes y desempeño
escolar. Revista CEPAL, 104, 37-54.
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